Sin Piedras diary, introducción
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Sin Piedras diary 002

18.05.2004

 

El camino que tenemos que tomar para ir a casa de Yazan. Sobre la izquierda: la carretera reservada a los colonos, en el fondo: a la izquierda el puesto de control, detrás la casa de Yazan y al fondo Kyriat Arba. Al centro: algunos miembros del Equipo Sin Piedras.
© Sin Piedras

Segundo día. Después una preparación rápida y eficaz, estamos en ruta para los últimos preparativos antes del debut del rodaje.

Hoy, uno de los realizadores y yo, hemos ido a ver Yazan, nuestro protagonista, para hacer los primeros “ensayos cámara” sobre el lugar, ver los espacios, los ángulos para las tomas y a tratar que la familia vaya cogiendo confianza a la cámara.

Nos acogen con los brazos abiertos, una taza de te – como es costumbre en casa de los palestinos – y una inmensa sonrisa dibujada en la cara. Esa sonrisa me resulta tan contradictoria con la situación que viven que me llena a la vez de alegría y tristeza. Mezcla extraña que refleja la aparente filosofía con la cual aceptan su destino.

Yazan nos presento su gallo favorito, “Magic”, el único superviviente dentro de los ocho que tenia antes que los colonos los envenenasen. ¿Como escribir lo que sentí cuando un niño de diez años nos explico tranquilamente que la única manera de salvarle la vida al gallo es tenerlo encerrado dentro de una caja para que no le pase la mismo que a los otros?

Luego nos enseño el árbol que esta en su jardín y que no tiene ramas ni hojas en los tres primeros metros. Este árbol les daba frutos que podían vender y con los que ganaban unos 500 dólares al año, hasta el día en que los soldados vinieron y, por razones de seguridad, cortaron las ramas hasta una altura inaccesible, si no es con la ayuda de una escalera, pero esa solución es imposible porque si alguien se acerca al árbol, los soldados disparan sin avisar. ¿Por qué? Porque podrían subirse al árbol para “atacar” a los colonos…

Cada noche, la familia tiene que cerrar todas las persianas, sino los soldados podrían imaginarse que alguien podría dispararles desde el interior, Yazan nos enseño el impacto de una bala sobre la ventana del salón, triste recuerdo de una noche de ventanas abiertas.
Salí de ahí con un peso tan grande en el corazón que no se como exprimirlo. La situación de Yazan y de su familia es ciertamente una de las más difíciles de todo Hebron. Pero están ahí, y sin jamas levantar la voz ni tocar una arma, resisten para cultivar sus tierras y guardar la casa edificada por la familia – y así, desde varias generaciones.

En fin como digestión, un buen falafel y un narguile en el coffe shop mientras charlo con los jóvenes estudiantes de la Universidad sobre política mientras nos recuerdan como es de banal esta situación a sus ojos… Triste banalidad ¿no?

 

Soldado en un check-point, al lado de la mezquita de Abraham.
© Roger Orcau

Mr.Z

 
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