| |
Sin
Piedras
diary 012
01.06.2004
Hoy, para variar un poco, hemos ido a desayunar al coffe shop, y con unos tés, parte del equipo ha tomado su primera ración de narguile. Más tarde hemos comido, y también, para variar, falafels. Hay que reconocer que nuestra dieta está siendo de lo más diversa y equilibrada…
En fin, sobre las dos, y con la compañía de un sol que quemaba el cielo nos adentramos por las ya familiares calles de la ciudad vieja para encontrarnos con la familia de Yazán. Al hacer tantas veces el mismo camino tenemos incluso un comité de bienvenida. Un grupo de niños y niñas nos esperan, o al menos eso nos parece, al tomar la última cuesta del barrio viejo. Nos saludan animados, y nos piden que les hagamos fotos. Ríen y corren descalzos por unas calles donde no hace demasiado vivían los tanques y los soldados paseaban asustados. Ahora estos críos juegan y nos persiguen, al verlos uno no puede evitar sentir una cierta melancolía, y una extraña mezcla de sensaciones.
En el camino a casa nos dimos cuenta que un ruido poco habitual recorría el aire, al girar por la carretera vimos de donde procedía. Resulta que el ejército está construyendo una especie de muro alrededor de la torre de control que está justo enfrente de la casa de Yazán. Unos bloques de hormigón de unos tres metros rodearán a una torre de acero, que protegerán, aún más a los soldados de lo que ellos mismos están defendiendo, la paz y la libertad de un pueblo que tiene que vivir encerrado tras los muros mientras unos niños juegan a fútbol en el jardín.
Al llegar a casa encontramos a Kayed sentado bajo su árbol, nos contó que la pasada noche no habia podido dormir, porqué la úlcera de su estómago le recordaba que aunque él no lo quiera, ella aún está ahí, y pasó la noche bailando con ella. Con los ojos cansados y la media sonrisa en los labios nos invitó a tomar el té, y a hablar sin decir palabra. Charlamos de las notas de Yazán, de sus nuevos perros, y de los soldados. Al explicarnos como los soldados habían empezado a construir la empalizada la pasada noche, ya no sé si le sorprendió o no, porqué en sus ojos ya no había tristeza, sinó un baño de resignación que lo impregnaba todo.
| |
 |
 |

Equipo tecnico durante el rodaje.
© Sin Piedras
 |
Hoy Yazán tenía que ir a comprar la bombona del gas. La bombona en questión pesa vacía unos 6 kg, y tiene que recorrer unos 900m aprox., pasando por la carretera de los colonos de Kirbiat Arba, las calles polvorientas de su barrio y unas escaleras de piedra hasta llegar a la tienda, un camino de lo más agradable para recorrer. Grabamos sin problemas la salida de la casa, incluso el principio del camino que tiene que hacer cuando pasa por delante de la valla del asentamiento, luego dejamos de grabar. Un miembro de la seguridad de los colonos estaba revisando la valla electrificada que envuelve la propiedad y cuando vió a un niño palestino con una bombona de gas, dos primos y tres chicos grabando tal acto de rebeldía no pudo hacer otra cosa que llamar al ejército para que le protegieran del peligro. Efectivamente, al cabo de unos minutos apareció el jeep marrón envuelto de estrellas que no dudó en parar delante nuestro para, inmediatamente bajar dos soldados que nos miraban con cara de no muy buenos amigos, mientras les pedían, o mejor dicho, ordenaban a los niños que se fueran, que salieran de la carretera. Uno de los soldados se escondió tras una esquina y miraba nervioso contra las ventanas y los niños, mientras, el otro, tras unas gafas de sol que parecían sacadas de las playas de California ( o no) nos empezaba a preguntar que estábamos haciendo allí, que si teníamos permiso, que si habíamos abierto la puerta de Kirbiat Arba…nos tuvieron bajo un sol de justicia durante más de 15 min, sin hablarnos, tan sólo hablaban con un tercer soldado que estaba sentado en el asiento del conductor, y escuchaban una radio qué, suponemos no eran los 40 principales. Todos tuvimos la sensación de que por fin íbamos a conocer un jeep por dentro, de que nos revisarían las cintas, de que nos pedirían un permiso que no tenemos, pero finalmente después de unas palabras por la radio, nos dejaron marchar, no sin antes decirnos que nos fuésemos del barrio y que allí no podíamos grabar.
Entraron en el coche y se marcharon dejándonos a todos algo desconcertados y sorprendidos. Yazán y dos de sus primos reían y se divertían al ver nuestras caras, y los habitantes del barrio nos sonreían al ver que aún estábamos con ellos. Tratamos de tentar un poco más nuestra suerte, y volvimos a plantar el trípode para grabar como Yazán subía las escaleras de piedra. De repente nuestra imagen se volvió amarilla. La cámara ya no captaba el azul.
No vamos a ser mal pensados, estas cosas pueden pasar, verdad??
Quim |
|