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Sin
Piedras
diary 020
15.06.2004
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Por la ciudad vieja.
© Sin Piedras
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Yazan al mercado.
© Sin Piedras |
Hoy es el último día de rodaje. Mientras el equipo se iba pelando con un café que de café tiene el nombre, pero no el sabor, nos dimos cuenta del día que era. No dijimos nada, pero todos lo sabíamos. Yazan llegó puntual a las 9, porqué esta mañana toca grabar su recorrido por la ciudad vieja. Un modo genial de finalizar el viaje. Al llegar al mercado la vida se abría paso entre los bocinazos de los taxis, los olores de las frutas, los mil colores de los puestos y el ordenado kaos propio de cualquier mercado. El equipo técnico sudó lo que no está escrito por seguir por unas calles atestadas de gente y miradas curiosas a un Yazan que marcaba el paso. Andaba como si tuviera miedo que los plátanos llegaran caducados a casa.
Al cruzar la línea imaginaria que separa H1 de H2 la vida, la gente y los colores quedaban atrás. De repente, las calles se vaciaron, y por una amplia avenida sólo quedaban tiendas cerradas, niños que arrastraban carros de verduras hacia el mercado y un color gris lo invadía todo mientras unos soldados temerosos, que escondidos tras sus torres de acero, rompían la vida en dos. Como no podía ser de otra manera, al llegar al control, uno de los soldados paró a nuestros compañeros del equipo técnico, hecho que ya no nos sorprende, y al que cada vez tomamos con más sentido del humor. Nuestros compañeros, después de estar más de 20 min bajo un sol de justicia, volvieron con nosotros no sin antes contarnos con media sonrisa en los labios como se habían olvidado de apagar la cámara mientras el soldado les pedía la autorización correspondiente. Le enseñaron el carnet de prensa de la Autoritad Nacional de Palestina, que para ellos tiene tanto valor como una tarjeta del video-club, y sin embargo….
Pudimos seguir la grabación sin mayores problemas que el calor y el cansancio de Yazan. Al llegar a cada esquina la gente nos miraba curiosa, algunos se escondían y trataban de esconderse ante nuestra extraña presencia, sin embargo para la mayoría éramos todo un espectáculo. Trataban de salir en plano, acompañaban a Yazan en su camino, miraban a cámara, reían y se ponían nerviosos y cuando les pedíamos que hicieran como si no estuviésemos, que mantuviesen silencio, conseguíamos todo lo contrario. En fin, después de un largo camino tantas veces recorrido llegamos a casa. Al tirar el último plano un mar de sonrisas y de melancolía lo atravesó todo. El equipo se abrazó, contento de haber conseguido lo que tan sólo una semana atrás parecía imposible, yo sentí que de repente el suelo se alejaba de mi y Yazan reía al vernos tan contentos por haber llegado hasta su jardín. Nos sentamos un momento. Casi en silencio tratando de darnos cuenta de lo que significaba haber llegado hasta aquí, todos los malos momentos, todas las dudas y temores que teníamos, las conversaciones con los soldados, las miradas de los colonos todo desapareció al ver una sonrisa en la cara de Marc. En ese mismo instante una extraña mezcla de sentimientos me atravesó. Por un lado estaba realmente contento por haber podido realizar esta parte del proyecto, por poder trabajar con unos magníficos compañeros, por permitirme el lujo de haber podido disfrutar de esta experiencia. Pero por otro lado me sentí extraño, como si ya hubiera empezado a echar de menos la sonrisa de Yazan, el ruido de sus hermanos y las palabras tranquilas de su padre. Ellos nos han mostrado su vida, sus problemas, sus sueños y sus esperanzas. Nosotros una bicicleta y algo que contar.
Quim. |
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