Sin Piedras diary, introduction
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Sin Piedras diary 025

 

Casa abandonada en Jericó .
© Sin Piedras

 
 

Vista del mar Muerto con, en el fondo, la costa de Jordania.
© Sin Piedras

 

03.07.2004

Esta mañana, el equipo de Sin Piedras se ha despertado bajo la ruidosa banda sonora de un día de mercado en Jerusalén. A las siete ya sabíamos que las peras estaban de oferta, que los melocotones eran los más dulces, y que nuestro sueño había saltado por la ventana. Resulta extraño ver lo pronto que la vida se abre paso en esta ciudad, parece como si sus habitantes vivieran en un permanente estado de Carpe diem, aunque si pensamos en su mañana tal vez podamos entender porqué ellos han decidido el ahora.

Después de un par de tés y muchos intentos, nos ponemos en marcha. Hoy nos vamos a visitar Jericó y el Mar Muerto. Como ya sabéis aquí la línea recta es una idea, y para llegar a Jericó primero tenemos que pasar por Kalandia para coger un service palestino que nos pueda acercar hasta la entrada de la ciudad. O mejor dicho, hasta el puesto de control del ejército que nos da la bienvenida a la ciudad más antigua del mundo. O eso pone en el mapa. Bajo un sol abrasador, y después de una cola no muy agradable pudimos hacer el paseillo para llegar al puesto donde, tras un gorro de camuflaje se escondía un niño bagito disfrazado de soldado. Tras las preguntas de rigor pasamos sin problemas. Al bajar del service nos encontramos en lo que parecía la plaza mayor del pueblo, reconstruida gracias a la colaboración alemana, unos habitantes que extrañamente, casi no reparaban en nuestra presencia y unos policías que tomaban prestada la sombra de los pocos árboles que allí vivían. Empezamos a andar para tratar de visitar la parte vieja. Mala idea. Cuando la gente veía a cuatro turistas perdiéndose por la carretera principal nos miraban con cara de incrédulos, y por debajo, se reían, más tarde, entendimos porqué. Aquello que se conoce como Old city no es mas que un conjunto, de gran valor arqueológico, de piedras. No queda ninguna estructura determinada, supongo que para los expertos eso debe de ser interesantísimo, pero para nosotros…

Una cosa que nos llamó la atención es la gran cantidad de restaurantes, bares, y tiendas de souvenirs, cerradas a todo menos al polvo. Mesas que no se han estrenado, cartas de precios que nadie discutirá, y objetos made in china que se quedaran en sus cajas. Era bastante deprimente sentir como la vida se perdió como un eclipse de verano. Tras descansar un rato, y tratar de recuperar un poco el aliento, nos volvimos a poner en marcha. Mismo paseillo, mismo soldado bagito, y mismas preguntas. Creíamos que el Mar muerto estaba a unos cinco kilómetros de Jericó, y de ahí que rechazáramos la oferta del service de llevarnos, y empezamos a andar. Para aquellos que no lo sepan, eran las tres de la tarde y estamos en medio del desierto. Mala idea. Después de poco más de una hora, apareció un taxi a lo lejos que no dudamos en coger. Resulta que el mar está a unos 20km de Jericó, y lo que se ve a lo lejos, está muy lejos. Bien, por fin llegamos al mar, mejor dicho, a una valla electrificada. Para entrar a la playa debes pagar 25nis, unos 5 euros, alucinante. Por supuesto indignados y coléricos, pagamos como gilipollas. El recinto era un chiringuito gigante, como el de cualquier rincón de casa, con precios abusivos, chicas en bikini, y un disc-jokey pésimo. El agua, caliente, y sobretodo salada. No puedes sumerger la cabeza, y hay que ir con cuidado con que no te caiga en los ojos. Escuece. Lo mejor es la sensación de flotar, de ingravidez, aunque pasada la primera sorpresa empiezas a acordarte de la Costa Brava, y de los 25nis. No hay arena, sino un barro negruzco que cubre la orilla y los cuerpos de los bañistas. Resulta un contraste brutal descubrir a esta gente disfrutando de un agradable día de playa, mientras a unos pocos kilómetros la gente tiene que enseñar tres veces el pasaporte para entrar a su ciudad, resulta incomprensible comprobar que los bañistas vienen de Jerusalén o Tel Aviv, cuando los habitantes de Jericó tienen prohibido el acceso. Yo sólo quería ver el mar, y floté en un decorado de ciencia ficción.

Quim
 
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