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Sin Piedras diary 027
08.07.2004
Són las 3:32 de la mañana y parace que el sueño ha salido un rato, así que mientras está fuera trataré de escribir estas malas mentiras. Todo está en silencio, y como diría el gran Neruda, alguien canta a lo lejos, aunque creo que són perros los que van a poner la banda sonora.
En esta sala, ahora en penumbra, he vivido y buscado palabras que no siempre he encontrado, y es hoy, en soledad, cuando he empezado a despedirme de ella. Han sido muchas las experiencias vividas a lo largo de los últimos meses. Algunas cautivadoras, otras dolorosas y agradables, todo aquí es una extraña mezcla de sensaciones. Estoy confuso, algo aturdido, con ganas de regresar a casa sin volver.
Esta noche, después de pasear con un chico encantador, a pesar de llevar demasiado poder en sus bolsillos, Pau y yo nos hemos perdido en una fiesta de boda. Un tío de Yazan se casa mañana, toda la familia, y parte del extranjero estaba invitada, y como somos unos entrometidos, allí que nos hemos colado. Antes, eso sí, hemos hecho una parada por un local muy similar a cualquiera de los de comida rápida que hay por el mundo ( desarrollado????) donde los niños estaban nadando en una de esas piscinas con bolas de colores, o lo que es lo mismo, tirándoselas con bastante mala leche a todo aquel que osaba pasar por delante. Hemos invitado a los niños a comer, y cuando nos han pasado la factura a Pau y a un servidor se nos ha quedado la cara del payaso de las hamburguesas, en fin, siempre es bueno dejar de fumar.
Aquí las celebraciones de este tipo no són muy distintas a las nuestras, salvo por unos pequeños detalles. No hay alcohol y no hay mujeres. Dos ausencias que en otra situación nos hubieran hecho salir corriendo, y sin embargo, hemos de reconocer que fue toda una experiencia. La fiesta se hacía en un edificio en obras, más tarde nos enteramos que lo hacen en sitios así para evitar que vengan los vecinos, y aquí los vecinos vienen en jeep y visten de verde. Un grupo de hombres, en su mayoría jóvenes bailaban desenfrenadamente música, como en todas las fiestas, los más tímidos se limitaban a mirar un poco apartados, mientras que los más fiesteros danzaban como malditos por el medio. Los niños bailaban subidos a la espalda de los mayores..
Todo el mundo reía, daba palmas, saltaba, parecían exhultantes, y bastante borrachos, aunque prometo que no vi ni rastro de vicio. Queda feo decirlo, pero nos convertimos, por accidente en la atracción de la velada. Tratamos de escondernos tras los mayores, pero resulto inútil, al cabo de dos minutos ya nos habían metido en el medio del lío. Creo que los patos tienen mucho más estilo bailando música árabe que la que podamos tener Pau y yo, pero fue muy divertido eran unos locos encantadores, y parecía como si todos nos hubiéramos puesto de acuerdo para olvidar todo aquello que nos rodea, y bailar. Incluso Kayed, con una sonrisa pintada en los labios me susurró a gritos que era feliz.
Al despedirnos tuvimos que prometerles que mañana iríamos a la boda, que iríamos a comer, Yazan se enfadó un poco porqué nos fuimos antes que él, pero se le pasó rápido cuando una canción llegó para cortar mi despedida y volvió con los otros a bailar y a demostrar que a pesar de todo, merece la pena.
Quim
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