Sin Piedras diary, introduction
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Sin Piedras diary 028

 


© Sin Piedras

14.07.2004

La pasada noche no pude dormir. He visto una luna preciosa pegada a la ventana y, casi sin querer me he dado cuenta que iba a ser la ultima vez que bailaba con ella en esta habitacion. Resulta una sensacion extraña empezar a despedirse de ella. Aunque sabíamos que el viaje teíia que acabar nadie nos explico que el estómago no nos iba a dejar marchar con tanta facilidad. Trato de encontrar un sueño que ha decido salir a pasear. Poco a poco, me doy cuenta que hoy no volvera.

Esta manaña, y en silencio el equipo ha tratado de desayunar sin hambre y hemos partido hacia la casa de la familia. Mientras íbamos de camino una extraña sensación de melancolía y tristeza nos acompañaba. Saber que iba a ser la última vez que nos recibía nuestro comité de bienvenida, los caminos empedrados, las cuestas infinitas, las calles llenas de colores apagados, las ventanas cerradas, el camino del muro, las piedras que nos llevan a la casa donde tanto hemos aprendido y crecido nos recibia por última vez. Tenía un nudo en el estómago y un peso en el corazón que desapareció al ver a los niños correr para recibirnos.

Toda la familia estaba reunida con nosotros, nos mostraban en sus sonrisas la ya habitual hospitalidad que hemos recibido, unas tazas de te, unas palabras sentidas y algo para comer. Carne con patatas, todo un manjar para despedirnos. Nadie de los que allí estábamos queríamos mirar el reloj, deseabamos que se detuviera, que nos diera tiempo de otro te, de llevarnos alguna sonrisa perdida, de retrasar el máximo lo inevitable. Como en el cuento de la Cenicienta sonaron las cuatro y las miradas cambiaron de tono. Yazan cogió de la sala los pocos objetos de decoración que tenían y nos los entregó, sus primos fueron a buscar más cosas para regalarnos. Mientras Kayed nos sonreía con los labios cerrados y los ojos abiertos. Cuando llego el momento, que contaros, abrazos, deseos, y alguna lágrima se escaparon. Promesas que dijimos pero que no sabemos si podremos cumplir, pasos que ya andamos, pero que esta vez costaban mas. Al bajar por el camino tuvimos la mala idea de echar l

Al volver la vista hacia la casa un coche del ejercito nos despidió y nos hizo recordar que ellos si seguiran alli, y que no tienen la menor intencion de convivir con los palestinos, una vision atravesó mi cabeza, tal vez, la próxima vez que volvamos la casa de Yazan esta se haya convertido en un supermecado con productos escritos en hebreo, y el lugar donde jugaba con sus primos a fútbol en un párquing para coches verdes y siniestros, y sólo quedará el recuerdo de una casa, donde encontré una segunda familia un verano en que me hize mayor al volver a jugar con un niño de ojos tristes y sonrisa cercana. Gracias Yazan. Gracias por darme esta oportunidad, por sonreir, por vivir con tus sueños, porque nos has demostrado a todos que a pesar de todo, los muros no detendran las palabras que nunca entendi.

Quim

 

 
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